OBRAS
Los Pasos de Ulloa - Emilia Pardo Bazan
Julián, un joven párroco de carácter apocado y “femenil”, se traslada a la casa señorial de los Pazos de Ulloa para hacer uso de sus funciones eclesiásticas y ayudar a recomponer el archivo de contabilidad de la propiedad. Allí conocerá a Don Pedro, el Marqués de Moscoso, propietario de los Pazos, su criado Primitivo, padre de Sabel, una cocinera con la que el Marqués mantiene una relación ilícita de la que ha nacido Perucho, un niño salvaje que gusta de acompañarse de animales, etc.
Julián intentará durante toda la novela seguir lo que él considera un deber para con su Dios, poniendo orden y paz cristiana en los Pazos, mas le será imposible, a pesar de sus intentos fervientes de humanizar a Perucho, o lograr desposar al Marqués con Nucha (una prima de Don Pedro que desarrollará una gran afinidad con el párroco, de la que se enamorará).
Finalmente, tras que el caciquismo y la lucha política del momento pongan fin a la vida de Primitivo, el mayordomo que era en realidad el auténtico amo de los Pazos a la práctica, siniestramente implicado en conflictos económico-políticos, Julián se enclaustrará en una parroquia de montaña lejos de los Pazos.
La Regente - Leopoldo Alas
La acción se centra en Vetusta (ciudad capital de provincia, muy identificable con Oviedo), donde la protagonista de la obra, Ana Ozores, se casa con el antiguo Regente de la Audiencia de la ciudad, Víctor Quintanar, hombre bondadoso pero maniático y mucho mayor que ella. Viéndose sentimentalmente abandonada, Ana Ozores empieza a ser cortejada por el donjuán provinciano Álvaro Mesía. Para completar el círculo, el canónigo magistral D. Fermín de Pas (confesor de Ana) también se enamora de la Regenta y se convierte en inconfesable rival de Mesía. Un gran retablo de personajes secundarios, retratados por Clarín con inmisericorde ironía, completa el paisaje humano de la novela.
El autor se sirve de la ciudad de Vetusta como símbolo de la vulgaridad, la incultura y el fariseísmo. Ana Ozores es un personaje aquejado de aquella patología del espíritu que se conoció como bovarismo. Desde otro punto de vista, Ana encarna la idealidad torturada que perece progresivamente ante una sociedad hipócrita. Con estas fuerzas en tensión, el escritor construyó un alegato cruel e inclemente de la vida provinciana española, ceñida a sus clases dirigentes, en tiempos de la Restauración finisecular.
Fortuna Jacinta - Benito Perez
El hilo conductor de la historia es el personaje de Juan (apodado "Juanito" o "El Delfín") Santa Cruz, hijo único de una adinerada familia de la burguesía madrileña de finales del siglo XIX. En su época estudiantil, el joven lleva una vida disipada. Durante una visita a Plácido Estupiñá, un amigo de la familia, conoce y se encapricha de Fortunata, una hermosa joven de clase humilde. Juan seduce a Fortunata y la convierte en su amante pero termina por aburrirse de ella y desaparecer de su vida. Su madre decide casarle con su sobrina Jacinta. Durante la luna de miel, el joven narra a su esposa sus aventuras por los barrios pobres de Madrid, y le habla de Fortunata. El tiempo pasa y Jacinta no puede tener hijos; ella y el resto de la familia llegan a obsesionarse con el tema.
Un buen día aparece Ido del Sagrario, un pobre al que Juanito invita a su casa para reírse de él. Ido del Sagrario le cuenta a Jacinta que sabe dónde hay un hijo de su marido y de Fortunata. La joven se ilusiona con la idea de adoptar al hijo de su marido. Tras consultarlo con Guillermina Pacheco, una vecina santurrona, las dos mujeres van a por el pequeño, llamado "el Pitusín". El tutor de la criatura es José Izquierdo, tío de Fortunata, al que terminan por comprar el niño. Cuando Jacinta lo habla con su marido, todo resulta ser una farsa de Juan Izquierdo. Era cierto que Juan había tenido un hijo con Fortunata pero el niño murió cuando él ya estaba casado con Jacinta. El falso Pitusín es internado en un hospicio.
Mientras tanto, Fortunata ha malvivido con distintos hombres con muy mala fortuna. Estuvo un tiempo en Madrid y Barcelona y uno de sus últimos amantes la llevó a París. A su vuelta a Madrid, Feliciana, una conocida suya, la acoge en su casa. El novio de ésta, Olmedo, es estudiante de Farmacia y un día lleva a casa de Feliciana a un compañero de estudios, Maximiliano Rubín. Maximiliano se enamora perdidamente de Fortunata y le propone mantenerla como su amante. A pesar del aspecto poco agraciado de Maximiliano y su carácter débil y obsesivo, Fortunata acepta.
Pepita Jimenez - Juan Varela
Pepita Jiménez y su madre vivían en Andalucía. Su madre estaba viuda y eran muy pobres. El tío de Pepita era viejo y rico y le pidió a Pepita que se casara con él. A Pepita no le quedo mas remedio que casarse con él. El matrimonio no duro mucho porque su tío, Gumersindo, se murió y Pepita se queda con todo su dinero. Al poco tiempo murió su madre.
Pepita era muy guapa y todos los hombres estaban enamorados de ella. Pepita no quería casarse con ninguno y los descartaba educadamente.
El padre de don Luis era don Pedro también era amigo de Pepita y estaba enamorado de ella igual que los demás.
Don Luis y don Pedro iban a casa de Pepita a la tertulia, a veces, iban a montar a caballo junto con su primo Currito y su tía Casilda. También quedaban muchos días en casa de Pepita para jugar a las cartas. Don Luis se fue enamorando de Pepita pero no dijo nada porque estaba estudiando para ser clérigo y dentro de pocos días se iría. Igualmente Pepita se fue enamorando de él aunque ya sabía que no se podría casar con él. Un día estaban ellos solos en casa de Pepita y ella empezó a llorar, él ya sabia porque, él la besó, pero luego se arrepintió porque sabía que nunca se casaría con ella. Los dos estuvieron unos días sin verse, hasta que Antoñona, la criada de Pepita, fue a casa de don Luis y le dijo que fuera a despedirse de Pepita ya que él se iba al día siguiente. Así fue, se presentó en casa de
Pepita y ella empezó a llorar, don Luis la besó y le dijo que no se haría clérigo para poder casarse con ella. Don Luis se lo fue a contar a su padre y el ya lo sabia porque era de lo único que se hablaba en el pueblo. Don Luis y Pepita Jiménez se casaron en la iglesia del padre Vicario y más tarde tuvieron un hijo.